Memorias de un Enterrador. Libro Segundo. 5.

Pasen y lean… Por 1 eurito. Los ciegos no pagan…

Francisco Belmonte. Escritos, novelas, poemario, desvaríos...

…El padre Lorenzo dejó de ir al cementerio con la asiduidad con la que lo frecuentaba hasta aquel nuestro encuentro.

Ni siquiera a deshoras.

Algunas tardes me quedaba exclusivamente para encontrarme con él, pero no hubo suerte. Avisé a mis compañeros, los que vivían allí, para que estuviesen pendientes de avisarme si acaso le veían aparecer, pero tampoco obtuve resultados.

Parecía como si se lo hubiese tragado la tierra.

O como si tras haber traspasado su carga emocional sobre mí, hubiese descansado de su tormento.

O como si le hubiesen anulado.

O como si hubiese muerto.

El caso es que no volví a saber de él.

Por mucho empeño que puse.

Nadie supo de él.

Muchos cabos que quise haber atado quedaron sueltos, muchas preguntas sin respuesta. Y verme privado de su simpática y reconfortante compañía.

Por si acaso algún día regresaba, dejé sobre la tumba del maldito bastardo un…

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